A vos,
Espero que estas palabras te encuentren bien y con el corazón en movimiento. Una de las cosas más emocionantes de este apartado de correspondencia es que no tengo forma de saber dónde o cuándo te encontrarás con estas palabras, no puedo saber de qué manera las recibirás, si será en tu casa o de camino a algún lado, si estarás despertando o te sorprenderán previo al sueño, no sé si estarás inmensamente feliz o si te sentirás solo. Me gusta pensar en estas cartas como una pequeña misión a tu corazón, o bien como un regalo con el que algún día puedas encontrarte, un regalo que no es mío sino de Dios que extiende un abrazo a través de estas palabras para que sepas que sos amado con amor profundo.
Quiero contarte que estos días estuve leyendo El regreso del hijo pródigo, de Henri Nouwen. Si bien hace tiempo tenía pendiente leer este libro, lo cierto es que tuvieron que pasar meses y situaciones que me llevaran una y otra vez a esta parábola (Lc 15, 11–32) para que dispusiera mi corazón a este viaje y me decidiera a leerlo.
Me fue imposible no pensar en vos y en lo que hablamos en anteriores cartas mientras leía esta reflexión. De alguna forma, las postcards anteriores comprenden el inicio del camino, el regreso esperado por el Padre. Así, cuando comenzamos con este intercambio, descubrimos que en este camino nunca estamos solos, que hay muchos como vos y yo que están caminando a nuestro lado y es necesario que compartamos un tiempo para conocernos en el camino. Y cuando comenzamos a caminar juntos hacia Dios (que es una hermosa forma de definir Postcards) nos dimos cuenta de que este sendero está lleno de detalles del Padre, que él estuvo preparando este regreso dejando en cada rincón un amor oculto que nos impulse a no bajar los brazos. Desde entonces me siento muy acompañado y espero que ese sea también tu sentimiento. Comencé a recibir cartas de tu parte, cartas que llegaban de muchos lugares, pero más importante aún, cartas que llegaban de muchos corazones. Y comenzamos a hablar más sobre lo que cada uno guarda en su interior, preparándonos juntos para descansar en su abrazo, para correr a su encuentro siguiendo esos latidos de búsqueda que compartimos.
Pero todo esto no fue pensado de esta forma, no fue preparado así, sino que otra vez descubro en esta conexión un detalle de amor. Todo es un regalo del Padre, un gesto de amor inmenso que va dejando en el camino porque entiende que muchas veces este caminar puede volverse difícil, entiende bien que algunas veces nos falten fuerzas o tengamos miedo.
Pienso en estos gestos, en estos regalos de su amor, en este cuidado paternal que tiene por nosotros. Podría quedarse simplemente en casa, esperarnos desde lo lejos, dejarnos atravesar el camino solos para que nuestras caídas y nuestras dificultades nos recuerden lo duro que es vivir lejos de su casa. Pero , elige comprendernos y volvernos a decir una y otra vez que no importa lo que hayamos hecho, que nos ama y nos espera.







