Quería comenzar esta publicación contando la forma en la que comencé con Ser Eucaristía. Pienso que de esta manera podría arrojar un poco de luz para definir de qué se trata todo esto. Sin embargo, me pareció necesario que no solo sea una historia, sino también una invitación, instrucciones para vos que querés ser misión.
Ser Eucaristía nace como una idea que se fue preparando desde siempre en lo profundo, un impulso fuerte desde el corazón, una invitación a moverme, a no quedarme de brazos cruzados. Así como se lee, el primer paso de estas instrucciones pareciera estar claro.
(1) Escuchá tu corazón
Escrito así suena sencillo, ¿no? Sin embargo, esto simple resulta ser, quizá, el punto más difícil de todos, porque se debe romper con la inercia de estar quietos. Cuando se está quieto se tiene la equivocada sensación de estar en paz, y romper con esto cuesta, pero una vez se comienza el camino se descubre que quedarse parado no es permanecer tranquilo, es simplemente dejarse estar. Todo movimiento es un poco incómodo porque cada paso nuevo trae dudas, miedos, o desafíos. Sin embargo, es en el camino que crecemos.
Cuando comencé con Ser Eucaristía, no tenía idea de qué era lo que quería hacer, mucho menos (imaginate) lo que quería Dios, pero convencido de que en el camino se van afirmando los pasos, comencé esta pequeña misión con errores y con trabas. A veces no nos animamos a movernos porque nos da miedo lo desconocido, y ahí es donde debemos, más que nunca, escuchar nuestro corazón. Todo lo que es de Dios nos habla desde ese pequeño lugar, nos habla desde el amor, con una voz fuerte y clara, pero es necesario estar atentos y en búsqueda para reconocer sus latidos. En la medida que caminamos, nuestros pasos se vuelven más decididos y claros.
Mueve mi corazón para que te reciba siempre.
Dios nos estará esperando ahí, si decidimos silenciar todo ruido y escuchar solo el corazón, disponernos a la oración y el diálogo. Hay una misión para vos, hay un plan de vida, y no solamente tiene que ver con vos, sino también con aquellos que te rodean. No te callés en la fe, no te guardés en el amor.
(2) Rezá para que Dios transforme tus ideas
Una vez se comienza a caminar, se comprende que ningún impulso del corazón tiene la fuerza suficiente sin la oración. La oración es la tierra que hace crecer nuestras virtudes, es la luz que brota desde el alma y nos permite transformar cada acto en un gesto de amor y de entrega.
Escuchar el corazón es el primer paso, pero más importante aún es compartir ese latido de amor con Dios, conversar con él para que transforme tus ideas, para que las haga grandes y sean buenas. Ningún proyecto puede crecer sin oración, ninguna misión puede ser acción si antes no se vuelve oración.






